LAS CIUDADES INVISIBLES
Serie escultórica inspirada en el libro Las Ciudades Invisibles de Ítalo Calvino, cada escultura está ligada a diferentes relatos; hechas con madera sólida de Nogal Americano.
Co-autor / eba.mx + Taller David Dana + Asociación Arquitectura
¬ Varida. La ciudad que se mueve al ritmo del cuerpo
Escultura: Bloques con Escaleras (20 x 30 x 32 cm)






Varida no tiene una sola entrada. Escaleras se cruzan en distintos niveles, rampas y plataformas se interceptan como decisiones. Quien juega con ella no camina un solo recorrido: elige. Subir, bajar, cruzar o detenerse. Varida enseña que el ser no es una línea recta: es una construcción cambiante, que sube y baja según la voluntad.
Es la ciudad del movimiento consciente. De los que escalan sus miedos, bajan sus prisas y transitan la vida con la geometría de una intuición precisa. En ella, el cuerpo es brújula. Cada peldaño es una metáfora de cambio. Varida se transforma con quien la habita: no es una ciudad fija, sino una coreografía arquitectónica entre forma
y ser.
¬ Ludea. La ciudad del deseo posible
Escultura: Cubo Facetado (16 x 16 x 33 cm)



Ludea es una ciudad encerrada en sí misma, pero no por encierro sino por contención. Un cubo perfecto cuya fachada se abre en pliegues. Quien la contempla no ve una sola forma, sino una promesa de formas: como Las ciudades invisibles un templo de posibilidades que no se han desplegado aún. Al tocar sus pliegues, el cuerpo reconoce algo profundo: el deseo de transformación.
Ludea no necesita cambiar del todo, basta con facetarse, mostrar otra arista. Es la ciudad del potencial, donde cada línea tallada anuncia lo que el ser puede llegar a ser si se anima a girar un poco, a fracturar su propia simetría. Es un espacio quieto que vibra. Es el umbral de lo
que aún no sucede. En Ludea habita laversión futura del ser, esa que espera, callado, el momento exacto para abrirse como un acorde.
¬ Kothar. La ciudad que se construye desde la memoria
Escultura: Pirámide Apilada (15 x 15 x 50 cms)




Kothar no fue construida de un solo trazo. Cada uno de sus niveles fue colocado con la precisión de un recuerdo rescatado. Sus torres de base cuadrada se elevan sin apuro, como si midieran el tiempo del pensamiento, bloque sobre bloque, forma sobre forma. Quien la contempla nota que Kothar siempre está siendo construida, nunca terminada del todo. Es la ciudad de quienes viven en capas: los que apilan experiencias, los que cargan sus días como quien levanta una escalera interior.
Cada ventana permite mirar hacia adentro más que hacia afuera. Kothar es introspectiva. Su madera huele a hogar antiguo. En ella, el ser se reconoce como un ser apilado: hecho de niveles, de versiones, de años pasados que sostienen lo que vendrá.
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